Sobre la decisión del EPPK


El Movimiento estableció su postura sobre esta decisión en la Asamblea Nacional de septiembre Publicado el Mié, 04/10/2017 - 02:15

Introducción.

Reconociendo que en lo que respecta a los pasos que deben dar los presos son ellos y ellas quienes deben ser dueñas de sus decisiones, ésta es la lectura política que el Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión hace en relación al dosier publicado en julio por la Dirección del EPPK.

Vemos necesario hacer esta lectura, por un lado, en la medida en la que el EPPK es un agente político que hace reflexiones públicas y el nuestro es un movimiento creado para trabajar la cuestión de los represaliados y represaliadas políticas, para dar a conocer nuestra posición política ante la decisión que han tomado. Por otro lado, y como dice el dosier del EPPK, porque siendo el EPPK uno de los principales referentes de la lucha y teniendo el Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión sus raíces en dicha lucha, nos afecta directamente.

Junto a este escrito, adjuntamos la hoja de ruta de la estrategia que resume, según nuestros análisis, los pasos a dar para la consecución de la amnistía (aprobada en la Asamblea Nacional que llevamos a cabo en mayo de este año, para ver pincha aquí).

Como el objetivo de las siguientes líneas es hacer una reflexión sobre una situación política, esperamos que las críticas que se le hagan a dicha reflexión, tanto a favor como en contra, se realicen también desde un punto de vista político.

Situación.

Los presos y presas políticas vascas son, junto con los huidos, deportados y quienes perdieron o les robaron la vida mientras luchaban, uno de los resultados más dolorosos de la represión devenida del conflicto que nuestro pueblo mantiene con los Estados de España y Francia. Si son resultado de la represión, podemos afirmar sin ninguna duda que también son consecuencia de la lucha, ya que la represión de los Estados es proporcional a la resistencia que estos encuentran, y sigue siendo así hasta que una de las partes, por efecto de los costes que le origina la confrontación, cede en varias o en todas sus posturas.

En base a esa lógica, los militantes que han estado envueltos en la lucha por la liberación de Euskal Herria siempre han entendido que hay dos maneras de vaciar las cárceles: una, rebajar la lucha de resistencia contra los opresores renunciando a lograr los mínimos democráticos; la otra, ganando los mínimos democráticos, es decir, solucionando las razones que están en la base del conflicto, gracias a los perjuicios generados al enemigo por la lucha de resistencia, aunque para ello primero haya que llenar de luchadoras las cárceles.

Al hablar de resistencia, hay que destacar la campaña para denostar este concepto que durante los últimos seis años se está llevando a cabo en Euskal Herria, por medio de frases del tipo de “hay que pasar de la fase de resistencia a la fase de construcción”. No es sólo que la resistencia y las actitudes de construcción no estén contrapuestas, sino que sin resistencia no es posible construir nada. La resistencia es un concepto físico y político y está en todos los ámbitos de la vida, hasta tal punto que sin ofrecer resistencia a la gravedad no podríamos ni levantarnos del suelo. La resistencia comienza desde el mismo momento en el que nos alzamos frente al enemigo.

Pasando al frente de resistencia en las cárceles, hay que destacar que gracias a ésta y por medio de la lucha son múltiples los espacios ganados a la represión. La mejora de las condiciones de vida de las cárceles no fue un regalo de los Estados, sino derechos adquiridos a base de sudor y sangre, así como un legado cedido a los nuevos presos generados como consecuencia de seguir la lucha.

Por otro lado, es cierto que la dinámica del EPPK siempre se ha correspondido con la estrategia de las organizaciones que trabajaban a favor de la independencia y el socialismo y que, su actitud, ha sido un revulsivo para la lucha llevada a cabo en la calle. También es verdad que la lucha realizada por estas militantes antes de estar en prisión y la que impulsaban desde la cárcel, al contrario que ahora, también se correspondían.

En el dosier de conclusiones, el EPPK dice lo siguiente: “El Colectivo estará al servicio de los agentes y grupos que trabajan en el proceso de liberación” y “Los presos políticos en la nueva era del proceso de liberación seremos protectores, ayudantes y compañeros de trabajo de las iniciativas impulsadas por los agentes de Euskal Herria”. Sin embargo, por primera vez en la historia la estrategia impulsada por el EPPK, en este caso la de Sortu, será absolutamente incompatible con la lucha que llevó a estos militantes a la cárcel.

Apoyar dicha estrategia acarrea, por lo tanto, dar apoyo a todas las iniciativas derivadas de la “Vía Vasca para la Paz” de EH Bildu, entre otras, a participar en ofrendas florales a personas a las que mató ETA junto a representantes de las Fuerzas Armadas (con quienes han torturado a miles de honestos militantes, o con los mismos que mandaron a la cárcel a los jóvenes de Altsasu), a los homenajes dedicados a nuestros enemigos por ese alcalde de Orereta que retira placas de recuerdo a gudaris caídos, a apoyar en el Congreso español a las “Fuerzas de Seguridad del Estado” tras el ataque yihadista de Barcelona, o a apoyar las declaraciones institucionales que tildan de terrorista a la organización ETA y, por lo tanto, también a todos sus militantes encarcelados.

Los ejemplos que hemos mencionado no son cosas que pueden suceder, sino que ya están pasando. Por eso, el Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión no puede estar de acuerdo, ni tan siquiera entender, que el EPPK dé apoyo a esa línea política, y menos aún cuando entre sus miembros no tiene una cohesión mínima para ello, como demuestran claramente los resultados que han hecho públicos sobre el debate.

Las declaraciones realizadas por todos los partidos institucionales sobre el dosier de conclusiones del EPPK, cada uno con sus matices, muestran que el camino tomado por el EPPK es el que los Estados le han querido imponer durante largos años. Todos han valorado positivamente la hoja de ruta anunciada por el EPPK, ya que trae consigo la despolitización de los presos y la legitimación de las políticas de “reinserción”.

En esta situación, el Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión podrá expresar su solidaridad ante la represión a cada preso y cada presa, ya que todos y todas encontramos un enemigo común en quienes nos oprimen, pero como agente, el EPPK no tendrá nuestro apoyo político.

Antecedentes.

La decisión tomada por el EPPK no viene de repente ni por la mera reflexión de quienes están en la cárcel. En el año 2004 el control del EPPK pasó a manos de Batasuna, y ha sido una postura que ha impulsado el sector reformista de la Izquierda Abertzale desde que en 2009 dio el “golpe de estado”, empezando por la Declaración de Altsasu realizada ese mismo año, en la que aceptaron los principios del Senador Mitchell en nombre de toda la Izquierda Abertzale, pero sin el acuerdo de la Izquierda Abertzale. Para ello, Sortu ha utilizado todo su poder mediático, institucional y económico, dando pasos no acordados y llevando a cabo la “política de hechos consumados”: “primero decido yo, y después «acordaré» con el resto el único camino que les hemos dejado para escoger”.

Así, cuando en 2012 el EPPK estaba a punto de publicar el dosier en el que decía que no aceptaría salidas individuales, los portavoces de Sortu empezaron a decir en los medios de comunicación que sería positivo que los presos y presas aceptaran las salidas individuales, comenzando la campaña de presión hacia los presos. En diciembre de 2013 vinieron la declaración del EPPK en la que afirmaba que trabajaría las salidas individuales y la creación del Foro Social que proponía este tipo de salidas, y en 2015 EH Bildu publicó la Vía Vasca para la Paz, en la que proponía lo siguiente a los presos: El proceso de reintegración de las y los presos vascos se realizará por medio de cauces legales y con una aplicación individualizada, para lo cual será necesario poner en marcha un plan de “excarcelación condicional anticipada”. Ese programa requerirá por parte de los presos y presas vascas mostrar su compromiso con el nuevo escenario abierto en Euskal Herria y renunciar a las vías violentas y así mismo, deberá haber por su parte un reconocimiento del daño causado como consecuencia de su actuación”.

En enero de 2016 Rufi Etxeberria y Josu Beaumont, en una comparecencia pública realizada en nombre de Sortu, pidieron a los presos y presas que “reflexionen” y les dijeron que las posturas que mantenían eran “de otra época”, mientras les pedían que “el proceso de reintegración de las y los presos vascos” se realizara “por medio de cauces legales y con una aplicación individualizada”.

Junto a esto, los ex presos políticos que se organizan en el seno de Sortu pusieron en marcha las dinámicas Amnistiaren Norabidean y posteriormente Kalera Kalera. Lo que realmente ha habido tras los lemas “Gora EPPK” y “Maite zaituztegu” ha sido una estrategia para condicionar las decisiones de los presos. Para ello han organizado manifestaciones y marchas a las cárceles mientras ha durado el proceso de votación del EPPK, para decir a los presos y presas cuál era la posición que les pedían: dando continuación a las presiones realizadas durante los años anteriores, les expresaron que respetarían sus decisiones… siempre y cuando éstas fueran por el camino marcado por Sortu, claro. En el discurso leído en cada una de estas iniciativas, los impulsores de estas dinámicas han dejado claro cuál era el camino que el EPPK debía tomar.

Para terminar con este asunto, es necesario recordar que a los presos y presas no les han ofrecido ningún marco para debatir sobre la estrategia y mucho menos para decidir sobre ella, y que todo debía situarse en los parámetros de lo decidido en el proceso Abian (que al mismo tiempo no era válido para poner en duda las decisiones tomadas sin acuerdo previo). En opinión de nuestro movimiento, no se ha respetado el carácter político de los presos y presas y han sido tratadas como si fueran piezas que mover sobre el tablero.

Actitud histórica de los presos y presas políticas vascas ante las progresiones de grado.

Históricamente los presos y presas políticas vascas han mantenido la actitud de no solicitar progresiones de grado, por un lado, por entender que la cárcel no tenía ninguna legitimidad para valorar su comportamiento , y por otro, por entender que entrar en el juego que marca la cárcel acarreaba la ruptura de la unidad y la solidaridad entre los presos políticos.

Los militantes políticos a los que los Estados mantienen como rehenes siempre han entendido que la mejor aportación que desde la cárcel se puede hacer a la lucha de liberación de Euskal Herria es la de demostrar que la represión no es suficiente para doblegar su voluntad ni para condicionar la lucha de nuestro pueblo.

Esta actitud de resistencia ha sido, precisamente, el mayor revulsivo para que nuevas generaciones se hayan seguido sumando a la lucha durante décadas, a pesar de las constantes amenazas por parte de los Estados.

Sin embargo y ante casos puntuales, como es el de quienes sufren enfermedades graves, siempre se ha entendido que la prioridad debía ser que estos militantes volvieran a casa vivos, aceptando que se buscara para ellos una salida diferente a la del resto. La flexibilidad y la comprensión ante este tipo de casos por parte de sus compañeros y compañeras ha sido reflejo de generosidad revolucionaria.

Consecuencias de la aceptación de la legalidad penitenciaria.

Cuando hablamos de aceptar la legalidad penitenciaria, no nos referimos a hacer uso de los derechos que el reglamento penitenciario reconoce a los presos y presas. Estos derechos se han logrado en todos los casos gracias a décadas de dura lucha que han permitido que quienes hoy en día sufren la cárcel pasen por ella en condiciones mejores que sus predecesores.

Cuando hablamos de aceptar la legalidad penitenciaria no nos referimos, por tanto, a acogerse a derechos, sino a las obligaciones impuestas para acceder a determinados beneficios. Es aquí donde entra el chantaje por el cual la cárcel ofrece algo al preso a cambio de que el preso entregue algo a la cárcel, que en el caso de los presos y presas políticas vascas no es otra cosa que la renuncia a su militancia política y la aceptación del sistema que les mantiene en prisión.

Por otra parte, el hecho de que algunos se acogieran a estos beneficios mientras otros se mantienen en su postura de confrontación con la cárcel, supondría que los primeros estarían fortaleciendo la opresión que los Estados mantienen contra los segundos.

En una lógica represiva tan cruda como la que viven los presos y presas políticas vascas, las salidas individuales de algunos pueden suponer el dar por buena la “vía de la reinserción”, trayendo la consecuencia del éxito de estas medidas represivas y por lo tanto el agravamiento de la situación de los y las militantes políticas que opten por no aceptar este chantaje. A pesar de que el dosier de conclusiones del EPPK recoge las palabras “unidad” y “solidaridad”, el camino emprendido dificultará enormemente que esos conceptos sean una realidad.

Presos políticos vascos que están fuera del EPPK.

Son cuatro los presos políticos vascos que están fuera del EPPK y a los que ampara el Movimiento pro Amnistía y Contra la Represión. Estos cuatro presos no tienen nada que ver con los que tomaron la denominada Vía Nanclares y, no sólo eso, sino que han salido del Colectivo por la puerta opuesta a la que tomaron los de Nanclares, con la cabeza alta frente al enemigo y orgullosos de su militancia.

Estos cuatro presos tienen, además de la solidaridad de nuestro movimiento, todo nuestro apoyo humano y político. En ese sentido y aunque no es una actitud general, no permitiremos que nadie ponga en duda el carácter político de estos presos por el hecho de estar fuera del EPPK, como en algunos casos se ha hecho. En este punto queremos valorar positivamente que el documento del EPPK haya reconocido que no es nadie para negar su carácter político a esos presos.

Respecto a la presencia que estos presos deben tener entre nosotros y nosotras, es el cometido de este movimiento garantizar que sus caras están de manera constante en la calle. Otros han hecho desaparecer sus fotos, en algunos casos de manera entendible porque las han quitado de sedes con las que mantienen diferencias ideológicas claras. Otras veces de manera lamentable (organizaciones de familiares, comparsas etcétera, que supuestamente mantienen posiciones más abiertas), ya que en estos casos entendemos que se ha buscado castigar las posiciones políticas que mantienen estos presos, negándoles la comprensión humana que se pide hacia el resto. Es por ello que el Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión hará un desequilibrio claro hacia la defensa de estos cuatro presos y en la reivindicación de su estatus político.

No podemos dejar de hacer mención a los otros cinco presos y presas políticas que a pesar de ser miembros del EPPK han mostrado su apoyo a nuestro movimiento de manera pública. Han apostado por nosotros haciéndole frente a la presión mediática y eso ha originado, en algún caso, que también hayan tenido que hacer frente a la presión interna. No vamos a aceptar ningún tipo de ataque ni presión contra estos presos. Nuestro movimiento les agradece sinceramente su apoyo.

El concepto del preso y la presa política.

Como último punto, el Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión quiere hacer la definición del modo que tiene de entender el concepto del preso político.

Es preso o presa política toda aquella persona que además de encontrarse en prisión como consecuencia de su militancia política, no renuncia a su estatus ni perjudica con su recorrido penitenciario al resto de compañeros y compañeras.

Euskal Herria, septiembre de 2017.

Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión.